La obra de Elisa Lemus se construye a partir de dos ejes fundamentales: la colectividad y el lenguaje.

Es a través de la noción del otro, que el acto de enunciar se convierte en un proceso de complicidad. Desde sus primeras obras, los tejidos no son lugares íntimos, sino más bien espacios que buscan contradecir o interrumpir lo público. Sus trayectos y cartografías iniciales se marcan todavía como un balbuceo en búsqueda de un diálogo, una mano automática que pronto encontrará eco en la repetición discursiva y no en el espacio. En todas sus obras, el acto de tejer está presente, aunque la propia artista rompe con los patrones, tanto en la tradición familiar, como en el propio tejido. Es decir que por una parte, la artista separa la acción del tejer de una ocupación solitaria y femenina asociada a la espera o al ocio, y la traslada hacia una conversación silenciosa entre dos personas. Por otra parte, introduce errores en los propios patrones del tejido, con la intención de que ese coloquio casi afásico, se multiplique en un tartamudeo sin orden.

Esta reverberación entre dos, Lemus la repite después en comunidad y la lleva a cabo en un lugar de contemplación, con la intención de transformar el acto de tejer en un rito, en donde únicamente el golpeteo de las agujas es el que revela la confabulación del lenguaje. Por lo tanto, el acto de urdir, repetir y entramar—a veces en murmullo y otras en silencio—se vuelve una revelación anímica y psíquica; un acto de confabulación que no tiene otro fin más que pronunciar la presencia del otro o de los otros.

En sus últimas obras, Lemus se apropia sólo de las señas y de los signos que se han generado en estos espacios colectivos, para desaparecer finalmente el tejido como objeto. Sólo quedan los ademanes y los gestos que son los que marcan las pautas, los acentos y los signos de puntuación. El acto colectivo regresa nuevamente a la noción del doble, entendido como un mismo ser que se desdobla en el espejo y para hacer del lenguaje una reiteración. Con ello, regresa la posibilidad de enunciar nuevamente desde la complicidad.

Andrea Torreblanca
Curadora

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